• Desarrollado por Viviana Delgado, Licenciada en Química de la Universidad de Concepción, este impregnante busca sustituir el uso del controversial Arseniato de cobre cromatado.

  • Desarrollado a través de desechos de la industria pesquera, Chetén mezcla lo orgánico con la nanotecnología para crear un producto no tóxico, igual de eficiente y accesible.

Si hablamos de contaminación de inmediato pensamos en varios residuos, pero lo cierto es que además de los que conocemos en la actualidad, hay otros que pueden llegar a ser mucho más dañinos y cuyo uso es tan masivo que no lo consideramos como un potencial peligro. Hablamos de la madera impregnada, presente en postes, cercos y viviendas.

El impreganante a base de CCA, cobre, cromo y arsénico, es el preservante más común en Chile, desarrollado para proteger a largo plazo la madera expuesta al aire libre, contacto con el suelo y el mar. Este preservante es un fungicida que protege contra un amplio espectro de hongos, termitas e insectos de la madera. Sin embargo, es uno de los principales contaminantes, ya que al contacto con el agua sufre el arrastre de los metales pesados que lo componen, los cuales se depositan en el suelo y recursos hídricos, quedando alojados principalmente en las napas subterráneas.

Este fue el inconveniente que investigó por más de cinco años Viviana Delgado, Licenciada en Química de la Universidad de Concepción, quien se motivó a buscar una alternativa amigable con el medio ambiente e igual de accesible. Fue así como después de varias pruebas de laboratorio, en 2017 nació Chetén, el Bioimpregnante de maderas 100% orgánico, fabricado a base de desechos de la industria pesquera de la Patagonia.

“En Europa y EE.UU se prohíbe el uso del producto CCA porque se considera un problema ambiental considerable, que afecta directamente la salud de las personas. Es por eso que  lograr formular nuestro producto significó un reto en el que buscamos una solución amigable con el medio ambiente, pero igual de efectivo”, explica Viviana.

La extracción de la materia prima la logran a través de un proceso químico, donde se trata el material, separando toda la materia orgánica, hasta que llegar al biopolímero, el cual modifican químicamente. “Nosotros hacemos un polímero 100% orgánico que es hasta comestible. A ese producto le agregamos nano partículas de cobre, de entre 10 y 50 nanómetros, una tecnología muy poco vista en Chile”, describe.

A pesar de que la profesional trabajó muchos años en docencia y otras labores convencionales, fue el emprendimiento lo que la motivó a realizar este proyecto. “Siempre tuve el bichito de la innovación, la necesidad de emprender. Es pasión por lo que hago y ver los resultados con mi producto. Ver que es efectivo me llena completamente como profesional y también como persona”, dice.

Fue así como en ese mismo año se unió a la Incubadora de Negocios de la Universidad de Concepción, con quienes actualmente se está encaminando hacia la exportación de su producto en Colombia.

“Con IncubaUdeC y la la Universidad de Concepción tengo lazos afectivos grandes, cuando me adjudiqué el proyecto no lo pensé dos veces, quería que me aceptarán en la incubadora. Chetén no sería lo que es ahora, si no hubiese tenido la accesoria y apoyo de la incubadora y de la Aceleradora, Acelera Latam. Actualmente tenemos presencia desde la 6ta a la 8va región, pero este viaje a Colombia es una oportunidad para buscar alianzas estratégicas para que finalmente a fines del 2018 podamos internacionalizar nuestro producto”.

Desde mediados de marzo Chetén estará disponible en su página web: www.cheten.cl o físicamente en Lincoyán #26, oficina 41.

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